Clifton critica la realidad oculta detrás de la cifra de desempleo que la Reserva Federal suele citar, en momentos en donde la campaña presidencial gira hacia la economía. El aumento del costo de vida: una variable que esquiva el cuadro deflacionario e impacta en los bolsillos de los estadounidenses.
El último reporte de empleo del Buró de Estadísticas Laborales, una división interna del Departamento de Trabajo de los EE.UU., arrojó que en Agosto se sumaron 151.000 nuevos puestos de trabajo, lo que dejó la cifra de desempleo nacional en el 4.9%. Esto va en sintonía con las premisas del programa de “normalización” monetaria de la presidenta de la Reserva Federal (FED, por sus siglas en inglés), Janet Yellen: virtual pleno empleo e inflación en el orden del 2% anual.
En la última reunión del FOMC de la semana pasada, no hubo acuerdo entre los gobernadores de las reservas federales para volver a subir la tasa de interés, pero en su declaración pública se dejó asentado que la economía muestra solidez respecto al empleo y el consumo. En la posterior conferencia de prensa, Yellen volvió a reiterar que la FED no toma decisiones en base a los vaivenes de la campaña presidencial.
No obstante, en el mundo empresarial se empiezan a escuchar voces críticas sobre la realidad económica del país. Jim Clifton, director corporativo de Gallup, una de las mayores encuestadoras de los EE.UU., cuestionó la realidad económica que se esconde detrás de la tasa de desempleo oficial. Una realidad que es palpable también para los empresarios en el rubro de las ventas minoristas.
Existen diferencias en cuanto a las causas del mediocre desempeño de la economía nacional, pero todos acuerdan sobre qué rubros son los que mayor impacto tienen en los ingresos de los estadounidenses: servicios de salud y vivienda. Los aumentos en los costos de vida representan un creciente problema económico y político.
Cuestionamientos varios
En una editorial publicada en el sitio de Gallup el pasado 20 de septiembre, Clifton señala que la percepción de los estadounidenses sobre su situación individual ha empeorado considerablemente. El promedio de ciudadanos que se consideraban de clase media o media alta entre los años 2000 y 2008 era del 61%, pero descendió significativamente en estos últimos 8 años al 51%.
“El 10% sobre 250 millones de adultos en los Estados Unidos son 25 millones de personas cuya vida económica se estrelló”, dice Clifton. Agrega que esos millones han sido “invisibilizados” en la “ampliamente difundida tasa de desempleo oficial del 4.9%”.
“Vamos a decir que alguien tiene un buen trabajo de clase media que paga 65000 por año. Ese trabajo se esfumó, en un mundo cambiante y afectado, y su nuevo trabajo de tiempo completo paga 14 dólares por hora: unos 28000 al año. Ese americano devastado continua siendo contabilizado como un “empleado de tiempo completo”, porque todavía tiene un empleo de tiempo completo, aunque con reducciones drásticas en el pago y los beneficios. Esa persona ha salido de la clase media y se mantiene invisible en los reportes actuales.”
Jim Clifton
Esos invisibles aparecen cuando se toman en cuenta otras métricas del Departamento de Trabajo. En efecto, la más difundida y replicada constantemente por la FED en sus reportes es la U3, en la que se define la tasa de desempleo como “el total de desempleados, como porcentaje de la fuerza laboral civil”. Pero Gallup elije tomar como tasa de desempleo real la U6, que suma a las personas marginalmente sumadas a la fuerza laboral, además del total de empleados part-time por razones económicas, como un porcentaje de la fuerza laboral.
La diferencia entra las métricas U3 y U6 es de casi el doble: están en el 4.9 y 9.7%, respectivamente. Esta última contempla entonces a los desempleados, los sub empleados y los que han dejado de buscar empleo. Yellen elige la primera a la hora de defender el desempeño de la FED como garante del empleo: es la cifra con la que justifica que existe una virtual situación de pleno empleo y que amenaza con disparar la inflación, si no se reacciona a tiempo.
Sin embargo, el descenso en la tasa de desempleo ha sido liderado por el crecimiento espectacular en los empleos peor remunerados. Los economistas están divididos en cuanto a si esta situación de virtual pleno empleo presionará a la larga también una suba en los salarios de los empleados mejor calificados.
El candidato republicano Donald Trump hizo del empleo una cuestión central en la actual campaña presidencial, con críticas a los acuerdos comerciales que tiene el país y que son percibidos por sindicatos y ciudadanos como la razón principal de los problemas laborales. En una reciente encuesta encargada por el portal Politico y la Universidad de Harvard se relevó que el 85% de los republicanos encuestados considera que se perdieron más empleos de los que se ganaron con dichos acuerdos.
El enfoque de Clifton es distinto. Considera que el eje central de la discusión pasa por la participación débil de la pequeña empresa o small business en la recuperación económica de los últimos años. “Gallup encuentra que la pequeña empresa (junto a las shootups, aquellas que crecen en grande) es el motor de la nueva energía económica. Según la Administración de Pequeñas Empresas de los EE.UU., el 65% de los nuevos empleos son creados por estas, no por las grandes empresas”, explica el CEO de Gallup.
Pero la creación de pequeños emprendimientos nuevos es históricamente baja y aquellos que surgen no logran crecer demasiado, lo que supone para Clifton el principal problema laboral que afronta el país. Gene Sperling, ex funcionario de Obama y actual asesor industrial de la candidata demócrata Hillary Clinton, considera que se debe continuar y profundizar la actual política manufactura activa del gobierno federal, si se quiere estimular la creación de más empleos con salarios altos.
Por el momento Clinton puede respirar con alivio: la FED no subirá las tasas hasta pasadas las elecciones, lo que despeja las posibilidades de un escenario recesivo auto infligido. Lo que preocupa actualmente en su campaña es el manejo de las percepciones económicas sobre los votantes aún indecisos. La incorporación de Obama en la campaña busca defender y darle continuidad a los supuestos logros económicos, que no se perciben demasiado en los bolsillos de la clase media.
El costo de vida en los EE.UU.
Quien mejor refleja esta situación es el CEO de Dollar Tree, Robert Sasser. “El consumidor continúa sintiendo una presión enorme en el incremento de los costos a través de alquileres, la comida, la salud, los impuestos y un montón de cosas. Por lo que todavía los vemos bajo presión”, analiza Sasser.
En su misma vereda, el CEO de Dollar General, Todd Vasos, argumenta que el aumento en los costos en salud y renta son los más preocupantes. No niega los datos que señalan las mejoras en el mercado laboral, pero dice que esa situación no se ve reflejada en el balance de la compañía ni en el diálogo con los consumidores. “La accesibilidad y la oferta de unidades en alquiler se están volviendo más y más escasas, lo que aumenta los precios. Lo vemos porque la mayoría de nuestros principales cliente no pueden y no tienen su propia casa”, explica Vasos.
Dollar Tree y Dollar General son compañías de venta minorista enfocadas en los consumidores de la porción de ingresos más bajos del país. Han recortado precios para mantener el nivel de ventas y así disminuir la pérdida de clientes. El diagnóstico de sus directores ejecutivos esta en la vereda opuesta del cuadro deflacionario que Yellen presenta como el objetivo a revertir. El costo de vida empieza a aumentar y así lo refleja el Índice de Precios al Consumidor de agosto, con una suba de 0.2%, liderada por servicios de salud y alquileres.
El peso de los servicios de salud en particular es un tema recurrente en las encuestas de Gallup, en las que continua figurando como la principal causa de preocupación financiera en las familias. Le siguen en importancia los gastos colegiales, los alquiles y la inflación. “Pocos americanos se dan cuenta del tamaño del problema. La salud le cuesta 2.5 billones de dólares al país por año”, señaló Clifton en una vieja entrevista.
A la hora de buscar soluciones, Clifton aboga por cambios culturales que reduzcan el peso económico que acarrean enfermedades como el sobrepeso, hoy una verdadera epidemia que afecta a uno de cada tres adultos y a 13 millones de niños en los EE.UU. La American Heart Association calcula los costos anuales vinculados al tratamiento del sobrepeso y enfermedades derivadas del mismo en unos 190.000 millones.
No obstante, es el sistema de fijación de los precios de las drogas lo que impulsa los costos de los servicios de salud. Bloomberg da cuenta de esta situación al analizar la variación de precios entre casi 3000 drogas de marca y genéricas contempladas en el Plan D de Medicare: unas 200 drogas aumentaron más de un 50% entre 2013 y 2014. Dicho plan subsidia a casi 38 millones de personas (dos tercios de los beneficiarios de Medicare) los costos de drogas de prescripción y de planes de acceso a drogas.
Las negociaciones sobre precios y descuentos se encuentra descentralizada entre las empresas aseguradoras de vida, los programas de salud gubernamentales (como Medicare y Medicaid) y las empresas farmacéuticas. Estas últimas aseguran que los consumidores finales no pagan los altos costos que figuran en sus precios de lista pero, en el mejor de los casos, son el gobierno federal y los Estados quienes subsidian la diferencia para solo una parte de la población.
Una de estas empresas, Mylan NV, fue citada a una audiencia pública en el Congreso debido a la reacción pública ante el aumento del precio de lista del EpiPen, una inyección anti alérgica que pasó de costar 50 dólares en 2007 a unos 300 dólares la unidad este año. Es otro caso más entre otros en los que los congresistas se han visto obligados a intervenir.
“Soy un republicano muy a favor de los negocios. Aun así, estoy realmente asqueado por lo que he oído sobre esta situación”. John Duncan; diputado por el Estado de Tennesse.
En suma, mientras los costos en servicios de salud y vivienda sigan presionando sobre las leves mejoras en los salarios de los trabajadores, el consumo seguirá sin lograr un despegue suficiente. La caída de las ventas minoristas y en la actividad industrial en Agosto son señales que no auguran un buen cierre del tercer trimestre económico del año. Tampoco las reducciones en el nivel de inversión del sector privado y en el gasto público.
Pero son fundamentalmente señales de una economía que no termina de superar la crisis de 2008. Mientras que Trump las interpreta con un aceitado oportunismo, Clinton propone continuar el camino de los últimos 8 años.
